
En Corea Norte, todo ciudadano está obligado a demostrar devoción pública a la familia gobernante. Desde temprano, los niños aprenden a inclinarse ante los retratos de Kim Il-sung y Kim Jong-il, que están colgados en todas las casas, escuelas y lugares de trabajo.
«Por un lado, ellos saben que no deben inclinarse ante ídolos. Por otro, si se niegan públicamente, todos los cristianos serán arrestados. Ya no existiría iglesia”, explica Simón (seudónimo), socio de Puertas Abiertas.
La vida diaria está llena de rituales de lealtad: recitar lemas del gobierno, colocar flores en monumentos y participar en ceremonias oficiales del Estado. Negarse no se considera un acto de conciencia, sino traición a Corea del Norte.
La insubordinación silenciosa de los cristianos en Corea del Norte
Para los cristianos, estos rituales representan un dilema doloroso. Ellos saben que el primer mandamiento los llama a adorar solamente a Dios. Pero la conformidad externa muchas veces es necesaria para protegerse a sí mismos y a sus familias de la sospecha.
Cada reverencia, cada canto, se convierte en un momento de oración silenciosa: «Señor, tú eres mi único Dios”.
«Los cristianos norcoreanos le preguntaron a Dios qué hacer, y él les recordó la historia de Naamán en 2 Reyes 5. Naamán servía a un rey extranjero y se veía obligado a sostener el brazo del rey y a inclinarse con él delante de cierto ídolo. El profeta Eliseo le dijo que fuera ‘en paz’. En otras palabras: Dios sabía que Naamán no estaba adorando al ídolo. Lo mismo es verdad para los cristianos norcoreanos”, afirma Simón.
Hoy, los seguidores de Jesús en toda Corea del Norte caminan sobre esa cuerda floja. Soportan ceremonias con la cabeza inclinada, pero su verdadera adoración asciende al cielo. Su lealtad a Cristo es puesta a prueba cada día, y su valentía está escondida a plena vista.
«Por un lado, ellos saben que no deben inclinarse ante ídolos. Por otro, si se niegan públicamente, todos los cristianos serán arrestados. Ya no existiría iglesia”, explica Simón (seudónimo), socio de Puertas Abiertas.
La vida diaria está llena de rituales de lealtad: recitar lemas del gobierno, colocar flores en monumentos y participar en ceremonias oficiales del Estado. Negarse no se considera un acto de conciencia, sino traición a Corea del Norte.
La insubordinación silenciosa de los cristianos en Corea del Norte
Para los cristianos, estos rituales representan un dilema doloroso. Ellos saben que el primer mandamiento los llama a adorar solamente a Dios. Pero la conformidad externa muchas veces es necesaria para protegerse a sí mismos y a sus familias de la sospecha.
Cada reverencia, cada canto, se convierte en un momento de oración silenciosa: «Señor, tú eres mi único Dios”.
«Los cristianos norcoreanos le preguntaron a Dios qué hacer, y él les recordó la historia de Naamán en 2 Reyes 5. Naamán servía a un rey extranjero y se veía obligado a sostener el brazo del rey y a inclinarse con él delante de cierto ídolo. El profeta Eliseo le dijo que fuera ‘en paz’. En otras palabras: Dios sabía que Naamán no estaba adorando al ídolo. Lo mismo es verdad para los cristianos norcoreanos”, afirma Simón.
Hoy, los seguidores de Jesús en toda Corea del Norte caminan sobre esa cuerda floja. Soportan ceremonias con la cabeza inclinada, pero su verdadera adoración asciende al cielo. Su lealtad a Cristo es puesta a prueba cada día, y su valentía está escondida a plena vista.








