¿QUÉ TAN RESPONSABLE ES DIOS DE LAS ENFERMEDADES GENÉTICAS?

Dra. Neila Serrano de Barragán

Las enfermedades genéticas se producen por un daño en la información genética causado por diferentes factores.

Los genes son las unidades de material hereditario, que existen en los cromosomas. Hay millones de genes en cada cromosoma. Existen Genes dominantes y Genes recesivos.

Todo ser humano está conformado por 46 cromosomas, 23 que recibe del padre a través del espermatozoide y 23 que recibe de la madre a través del óvulo. De cada 23 cromosomas recibidos del padre y de la madre, uno es el que determina el sexo. El cromosoma sexual de la mujer es de un solo tipo X, el del hombre puede ser X o Y. Según el cromosoma sexual del espermatozoide que fertilice el óvulo femenino, tendremos: Varón (X+Y) con cromosoma XY o Mujer (X+X) con cromosoma XX. Es el hombre quien determina el sexo del feto.

Los genes dominantes por lo general, son fuertes y saludables. Normalmente, son los genes dominantes, los que van a llevar la información genética, al nuevo ser. Los genes recesivos por lo general, llevan alguna alteración en su información, son los causantes en gran manera, de las enfermedades genéticas o hereditarias, que los cristianos conocemos Bíblicamente como maldiciones generacionales.

Las enfermedades genéticas se producen cuando genes recesivos, por alguna circunstancia, se transforman en genes dominantes y se engendra en este escenario.

Existen factores que permiten, temporal o permanentemente que un gen recesivo se vuelva dominante, es decir, que se produzca daño genético.

Podemos mencionar entre otras causas que inciden en el daño genético: 1. El cigarrillo. 2. El alcohol en exceso o borrachera. 3. Las sustancias psicoactivas. 4. Algunos medicamentos. 5. La quimioterapia y radioterapia. 6. La mayoría de las enfermedades en su etapa activa (no cuando se encuentran controladas). 7. Cuando la suma de las edades de pareja se aleja de los 85 años. (No es solo la edad de la mujer, sino la suma de las edades de la pareja). 8. El daño ambiental, por ejemplo lo sucedido en Hiroshima donde la radiación alteró profundamente los genes, la aspiración de partículas tóxicas, el consumo de agua o alimentos altamente contaminados con sustancias como plomo o mercurio y otras causas ambientales. 9. Otros factores especialmente espirituales y emocionales como los pecados sexuales, la idolatría, la ira, los pleitos, la envidia y otros más.

De los embarazos producidos bajo la acción de los determinantes mencionados, un porcentaje considerable dan como resultado, hijos o hijas con enfermedades genéticas detectables al nacer, o en primera infancia, o a lo largo de la vida.

Una vez que se presentan, la vía más fácil es culpar a Dios. Dice Proverbios 19:3 versión TLA “El tonto fracasa en todo y luego dice: ¡Dios tiene la culpa!”.

Por eso, tenemos gran responsabilidad en la concepción de los hijos. Son escasas las parejas que buscan asesoría médica y espiritual, antes de pensar en engendrar.

Estoy segura que Dios creó a Adán y Eva con genes dominantes sanos. Somos los humanos quienes los hemos dañado causando las alteraciones genéticas, por nuestro mal vivir, mal comer y mal desear. Por los vicios, las emociones insanas, los sentimientos negativos. El pensar mal, el hablar mal y el obrar mal.

Podemos aspirar a tener hijos sanos. La Biblia nos enseña cómo hacerlo.

  1. Recordando que la voluntad de Dios, según lo expresado en Romanos 12:2 es lo bueno, lo agradable y lo perfecto para nosotros Sus hijos. Y que Sus pensamientos referidos en Isaías 55:8 y en Jeremías 29:11 son para bendecirnos. Nunca deberíamos tomar decisiones hasta tener la plena seguridad de que corresponden a los deseos del Señor. La pareja, más allá de nuestros sentimientos, debe ser la que Dios aprueba para cada uno. El momento de concebir un hijo, debería ser programado mediante el clamor a Dios para que ese hijo o hija honren en todo Su Santo Nombre y luego de un exhaustivo examen y asesoría médica.
  2. Mateo 18:18-20 nos enseña el infinito valor de la oración en pareja para pedir a Dios por nuestros hijos, ojalá antes de concebirlos y para atar toda maldición generacional o enfermedades genéticas y desatar bendición sobre ellos.
  3. Efesios 6:10-17 nos alerta para realizar guerra espiritual contra el enemigo, quien es el único beneficiado con las enfermedades genéticas o maldiciones generacionales.

Cuando las enfermedades genéticas son evidentes, aún tenemos esperanza. En Jeremías 32:27 nos dice El Señor: ¿Habrá algo que sea difícil para Mí? Creer a Dios, clamar de corazón, humillarnos ante Su Presencia, reconocer nuestros errores, obedecerle, alabarlo y adorarlo, son las mejores medicinas para contrarrestar las maldiciones generacionales o enfermedades genéticas.

Neila Serrano de Barragán (Médica, Teóloga y Pastora)

Mail: neilabarragan@yahoo.com celular o móvil +57 3153334171

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