¨¨ZAPATERO A TU ZAPATOS¨¨

¿Por qué los pastores no deben ser políticos?


Vivimos en un tiempo en que creemos que podemos hacer de todo, los roles se han
cambiado y lo que antes era impensado hoy es algo corriente.
Esta pandemia ha puesto a prueba nuestra capacidad de adaptación a las circunstancias,
y de hecho, muchos han tenido que transformarse en locutores, presentadores y hasta
cocineros virtuales. También la degradación de los valores llegó a niveles antes nunca
pensados. Todos salimos con las espadas a detener alguna acechanza sin saber que
entrábamos en un juego mucho más difícil del que creíamos.
Sin medir consecuencias, muchos creyeron que, porque la situación de decadencia se ha
agudizado, involucrarse es la única alternativa; en esto estoy totalmente de acuerdo.
Hemos sido espectadores por mucho tiempo, opinólogos de la realidad vista desde una
oficina y exteriorizada en un púlpito.


El punto es ¿desde dónde lo hago y cómo me involucro?


El descrédito de la clase política y sus reglas oscuras hacen que el escenario sea muy
atractivo y vemos como la trampa funciona; día a día la carnada logra el objetivo. Es ahí
cuando, sin tener la mínima capacidad ni el conocimiento adecuado, muchos sufren la
tentación de pensarse un mesías con la convicción de que lo que se debe cambiar es la
política unilateralmente, envalentonados a veces por un minúsculo grupo de entusiastas
adherentes.
Trato de entender por qué lo hacen, sin tener nociones, ni capacidades para tal fin, pero
eso sí lo buscan con gran entusiasmo. Es que la tentación es grande, y lo que para
muchos es poder, dinero y fama, se transforma en la zanahoria detrás de la cual salen a
correr.
Cabe decir que esto lo vemos en cada país a los que por motivos de nuestro ministerio
hemos llegado. Podría hablar del llamado que tenemos cada uno de nosotros en este
ejército de fe pero eso sería abordar un tema que quizás exceda. Solo quisiera decir que
si bien usted y yo hemos sido dotados con capacidades (y el que escribe mucho menos
del que lee este artículo) para liderar, y para llevar luz por medio de la Palabra de Dios a
mucha gente, confundir y creer que esto nos habilita a ser quienes pongamos las cosas
en su lugar a nivel político nos hace realmente no entender la vocación.
Como resultado, vemos como quienes enarbolan la justicia y valores desde este
ministerio, son rápidamente cooptados por los oscuros entretelones que dijeron combatir.
Nada más trágico ver que quienes escuchan el discurso del servicio domingo tras
domingo atraídos con la Palabra, salen decepcionados al ver que quienes hablan de
valores no pueden mostrar coherencia ni integridad.


¿No será que debemos entender que el pastorado y todo ministerio espiritual es un
honor que pone al hombre y la mujer en un lugar de privilegio santo?


Los grandes líderes que tenemos en la Biblia han sido pastoreados por profetas que no
han tenido inconveniente al decir lo contrario a lo que estos líderes querían escuchar. Es
así que en muchas circunstancias fueron expulsados del entorno del rey, pero ellos tenían
claro que el Supremo llamado estaba sobre todo interés terrenal.

Entonces ¿qué hacer?

  • Descubrir en nuestras comunidades de fe y desarrollar, un espíritu de carga sobre los problemas de nuestra gente.
  • Motivar a jóvenes y no tan jóvenes que fueron capacitados profesionalmente y animarlos, acompañarlos para que sean quienes lleguen a esos puestos que muchos aspiran formándolos profundamente en integridad, convicción y respeto.
  • Despojarse del ese espíritu de todopoderoso terrenal por tener una congregación de miles, sembrar esperanza por medio del ejemplo y sobre todo volver al primer amor, aquel que nos puso donde estamos, y que hace arder nuestros corazones por ver vidas transformadas. Un ministro guiado por la Palabra de Dios y sujeto a Su voluntad será de bendición a las naciones.

Luciano Bongarrá
Presidente
Parlamento & Fe Internacional
www.parlamentoyfeinternacional.org

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